Fluyente

Aplasto con total indiferencia

las cosas que nunca se echan 

a perder.

Patrañas.

Conque eso es el futuro.

Preludios de regocijos

que sangran

en la mugre de

las uñas.

Pero el siervo

alado

clama su sabiduría

y se deleita.

Las tripas se desgarran

con la pus hirviente

en manos

huesudas,

tupidas,

silentes,

malolientes,

carcosas,

venosas.

Qué implícito se me hace el resuello

fangoso,

cuando acaricia mis amarillos

dientes,

con su lengua de alquitrán

descascarada,

y su saliva amanzanda

fétida.

Conque eso es el éxtasis.

Me aferraba al vacío

y reía.

Me desmoronaba de

risa.

Se ríe y rio.

Rio y rio.

Rio y río.

Río y ríos.

Ríos y lagunas.

Lagunas y mares.

Mares y mundos.

Mundos y espacio.

Espacio y estrellas.

Estrellas y el todo.

El todo y el vacío.

El vacío y la nada. 

La nada y la nada.

La nada nada en la nada.

Cardúmenes de espesas 

conmociones,

refulgen en los poros de

los mortales insectos que

serpentean como

libélulas desérticas en

la lucha contra

las luciérnagas que

son sonámbulos

del entierro 

de las aves 

que orbitan

el ápex de

los pensamientos

intrínsecos

de la naturaleza

del homínido.

Conque eso es el existir.

Se oprime,

se regurgita.

Como troncos de caucho

cual cáscara de nuez

en el sinsabor de los

húmedos cristales

que se pegan

al apartado único

y analógico

que nos permite vivir.

Conque eso es.

Pero somos

el más sincero

miedo

encarnizado

y destructor

que 

se

pueda

soportar.

Conque eso.

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