Lo sé

La hija de una viuda me pregunta: ¿Qué

es lo especial en su destino?

La verdad es que no lo sé, le

digo, a dedo alzado.

He ideado la muerte de su padre

mucho antes que la pluma

cumpla su cometido,

de hacerla realidad

en la mente 

del lector.


No sé si está enfadada,

ahora la haré enfadarse:

¡Grandísimo canalla! Arremete.

No te preocupes, argüí,

estás hecha para el deleite,

el espectáculo masivo,

que entretejen las neuronas

para formar imágenes,

infinitas realidades en

millones de personas.


Ahora me cuestiona: ¿Por qué

me hiciste así?

No lo sé, creación 

del momento.

La fiel fila

de anémonas cubre

el respingo de su

inhalar y 

exhalar.


Me reprime, corteja mi cráneo,

acaricia mis sesos, se diluye

en mis sienes, rayos de ojos,

proyector de hologramas:

¿Me quieres?

No lo sé, he 

matado a tu padre.

Y tu madre,

morirá sabiendo que has salido

de mi mente.


Entonces me miras,

te ríes, porque

dentro de poco,

el pestañeo,

te borrará, 

de mi mundo.

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